Hay palabras que se clavan tanto, que duelen tanto,
que podríamos hablar de una metraya extraña que te destroza por dentro,
sin poder hacer nada por cambiarlo...
La vida es así, una plastilina extraña que cambia de forma, con el uso, de color... cada día lucho por amoldarme, como un trapo húmedo sobre ella, a cada metamorfosis, a cada nuevo sentimiento, cada nueva lágrima y el motivo de derramarla...
No me pidas imposibles, pídeme improbables.

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