Entonces te toca elegir. Si dejas que la suerte sea la encargada de jugársela por nosotros es de cobardes. Pero, cuando estamos ahí delante y nos toca elegir a nosotros, tenemos ganas de salir corriendo, pero el tiempo se acaba y tienes que decidirte. Lo haces sin pensar, no quieres adivinar las consecuencias ni hacer un balance de las pérdidas. Entonces piensas si la decisión que tomaste era la correcta y si la que tiraste a la basura hubiese sido mejor, sin poder evitar pensar en el “qué hubiera pasado si…” Pero ahora ya no importa...quédate con lo bueno. Quizás eres valiente, quizás no, pero ya lo has hecho. No dejes que la vida te gane, gánale tú a ella.

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